Despertar

25 10 2007

Era una pesadilla. Una de esas noches en que uno se revuelve en la cama sin saber por qué, sin motivo aparente. No, no he cenado nada que me pueda sentar mal. Ni siquiera he comido mucho. Llevo una vida de lo más tranquila, casi aburrida. ¿Por qué vienen los fantasmas a atormentarme en el sueño?

Al principio no veía nada, sólo sentía el caos, la confusión y el dolor gritando dentro de mí. Luego creció ante mis ojos cerrados un monstruo de mil cabezas que se agitaba amenazante, que no me dejaba descubrir dónde estaba su verdad, que se retorcía y se arrastraba ruin y mezquino, para enroscarse a mis tobillos con sus garras frías y sudorosas y hacerme caer. Se me clavaron sus dos mil ojos, como una sola mirada punzante. Y una herida sangrante me atravesó la garganta.

No desperté. No he despertado. Pero empiezo a desvelar los misterios de mis noches inagotables, atrapadas en las arrugas profundas de las sábanas. Sé que me hacía falta llorar, una tras otra, todas las lágrimas que aún tengo guardadas. Y sé por qué mis temores me hirieron en la garganta.

De nuevo, como otras veces, he perdido la voz. La afonía esta vez es total. De vez en cuando me ocurre. Me gusta cantar a voz en grito y las melodías inexistentes fluyen por las yemas de mis dedos y se adormecen, sestean plácidas en las hamacas de mis pestañas. Pero es agotador. Si alguien me escucha cantar y le gusta, puede pedirme una canción tras otra hasta que ya no puedo más. Y como canto sin micrófono, me ahogo rápido. Quizá se han acabado para siempre las melodías. Eso pienso a menudo.

No puedo decir que no me gustara cantar, incluso aquellas canciones que no estaban hechas a mi medida. Aquellas que me pedían sin más, a gusto del consumidor. No puedo culpar a quien lanzaba monedas a mi platillo desde la acera, por impulsarme a tensar al máximo mis cuerdas vocales. Fui yo la que se empeñó demasiado, la que puso tanta pasión que se rompió. 

Y aquí estoy, intentando recomponerme. Llevo atravesado en el pecho el dolor por la muerte de la letra y ansío palabras de resurrección. Me pregunto si el manantial se habrá secado o si esto es sólo producto de un verano demasiado cálido. Quiero perder el miedo, para poder despegar mis labios de nuevo. Y aquí estoy.


Acciones

Información

Deja un comentario