Hay que ver la que se está armando con el asunto de los guionistas. Y no, no me refiero a los estadounidenses, que parece que saben muy bien lo que hacen, lo que quieren, cómo lo quieren, y cómo lograrlo. No ofende quien quiere, sino quien puede, dirían algunos. Y con respecto a los guionistas, se puede matizar: no presiona quien quiere, sino quien puede. ¿Están los guionistas españoles en posición de presionar a productoras y canales, cuando no se encuentran ni a años luz de la situación de los estadounidenses? ¿A cuento de qué viene esta comparación?
Pues el caso es que a Alma, o lo que es lo mismo, la asociación de guionistas de aquí, – que no es más que eso, una asociación, y no un sindicato, como piensan algunos – se le ha ocurrido aprovechar la coyuntura que se vive al otro lado del charco para sacar a la luz las paupérrimas condiciones de los guionistas patrios a través de una asamblea programada para el próximo sábado. Una asamblea a la que han invitado, prácticamente, a todo el que quiera asistir.
Dos guionistas blogueros, a los que enlazo y leo con frecuencia, ya se han hecho eco de la noticia, aportando su visión del asunto: dos puntos de vista que sin ser contradictorios, sí tienen alguna diferencia insalvable. Ir o no ir, he aquí la cuestión.
Personalmente, lo que más me ha llamado la atención de todo esto es la convocatoria, en la que han metido en el mismo saco a guionistas de ficción y de no ficción. Creo que es la primera vez que se les mete en el mismo saco para algo. Para abultar, parece, porque por lo demás, conformando un grupo tan heterogéneo, donde lo mismo cabe un freelance, que trabaja desde casa con un presupuesto aprobado previamente por guión terminado; y un guionista de un programa cualquiera de televisión que se hace 80 kilómetros al día, para ir y volver al polígono del fin del mundo, a echar las horas que haga falta, e incluso atendiendo al teléfono cuando sea necesario, cobrando a final de mes un sueldo que no llega ni a la mitad de lo que cobra el otro… ¿Cómo van a ser ni parecidas las reivindicaciones?
Ojo, no digo que todos los guionistas de ficción trabajen en esas condiciones paradisíacas. Pero bien es verdad que a ellos, al menos, se les reconoce que están haciendo un trabajo creativo, reconocimiento que los demás ni huelen. Si Miss Julie habla de “mercenarios del guión”, yo considero que un término más ajustado para los guionistas de no ficción sería “meretrices del guión”.
Cuando uno se gana la vida escribiendo, es difícil que escriba lo que quiera y como quiera. Salvo las estrellas, que de esas no hablo. Me refiero a la gran masa, a la mayoría. Así que, cada cual tiene que conformarse con escribir lo que pueda, y si eso le da para comer, mejor que mejor.
Por eso me sorprende que el ya mencionado Pianista se eche las manos a la cabeza y califique a sus compañeros de cobardes cuando estos aceptan una nómina de 3.000 euros. Pues mire, por la mitad, también. Y por menos, he estado trabajando. Y por menos, mucha gente lo haría. Porque una cosa es trabajar para vivir, y otra muy distinta, trabajar para hacerse rico, o para pegarse una vida de lujo.
Quien ame escribir, y lo haga con pasión, dejándose el alma en cada frase, seguramente debería sentirse ya bien pagado si le ofrecen lo bastante para sobrevivir. Porque dedicar la vida profesional a esto, como dicen en el anuncio, no tiene precio. Y porque por menos, mucho menos, hay montones de personas haciendo trabajos mucho más ingratos. Y porque, como diría Schopenhauer, la pasta, o el afán de llenarse los bolsillos, es la condena a muerte del arte. Y la cita, la dejo aquí, extraída de su obra Parerga y Paralipomena.
Los honorarios y la prohibición de la reproducción de obras impresas son en el fondo lo que echa a perder la literatura. Sólo quien escribe única y exclusivamente por amor al arte escribe cosas dignas de ser escritas. ¡Qué inestimables beneficios reportaría que en todos los campos de cada literatura sólo hubiese pocos libros, pero que los que hubiese fuesen excelentes! Ahora bien, eso nunca se conseguirá mientras se puedan ganar honorarios. Pues es como si sobre el dinero pesase una maldición: Todo escritor se estropea tan pronto escribe con ánimo de lucro.
Por supuesto que esto no quiere decir que esté en absoluto en desacuerdo con la necesidad de luchar por unas condiciones dignas en el trabajo: que se reconozca el auténtico valor del guión en las obras audiovisuales – y no estoy hablando sólo de valor monetario, o sólo de películas y series -; que el guionista tenga algún derecho sobre su obra – y no estoy hablando sólo de los beneficios que generen los derechos de autor -; que se trate a los guionistas con respeto y a sus guiones, con criterio; que se exija profesionalidad, tanto en los guionistas como en sus superiores; que se reclamen contratos justos para que los empleados no puedan caer en limbos legales enlazando contratos temporales y pudiendo quedar en situaciones de desamparo cuando, repentinamente, se cancela la serie o programa en que trabajan – y esto casi se podría hacer extensible a cualquier trabajo.
Reclamar dignidad en el ámbito laboral no sólo es lícito, sino necesario para que todo funcione mejor. No sé si la convocatoria de Alma es adecuada para ello, aunque reconozco que me parece cuanto menos emocionante – porque todos los principios lo son – que alguien se haya planteado siquiera iniciar acciones al respecto. Pero las disputas entre los propios compañeros, que se pueden leer en algunos comentarios, son sin duda un punto en contra de aquellos guionistas que aún conservan algo de esperanza en un futuro mejor.