Miedo

15 01 2008

“Ssshhh… Tranquilo, no tengas miedo”, le dijo mientras acariciaba su frente, apartando suave el flequillo desordenado y sudoroso, con sus dedos lánguidos. Más que un calmante para ese sentir aterrador, la orden de evitar el miedo, acompañada de una caricia, es una anestesia engañosa para los sentidos.

¿Quién dijo que es malo tener miedo? El miedo le hace a uno ponerse en guardia, extremar las precaucioness, agudizar la capacidad sensorial y la percepción, prever y preparar con detalle cada paso antes de darlo.

Prefiero el miedo a la inconsciencia que alegremente olvida los peligros. Prefiero el miedo al letargo de esa mano amiga que te mece suavemente y no te obliga a correr riesgos. Aunque también hay que saber medir una sensación tan irracional como el miedo: más vale no caer en el extremo del pánico, que sí es capaz de paralizarnos por completo.

¿Quién dijo que es malo tener miedo? Un poco de miedo siempre es saludable.





Buscando una epifanía (o revelación)

6 01 2008

En principio, nadie dijo que fueran tres. Tampoco que fueran magos. El evangelista Mateo los menciona en su capítulo 2. ¿Traducción o transcripción? El término griego “magoi” no tiene mucho que ver con personajes del estilo de Harry Potter, o cualquier otro tipo de brujo, ser con poder sobrenatural o varita: se utilizaba para designar a los sacerdotes persas, aunque también se aplicaba a astrónomos, matemáticos o sabios. Quizá se refería al estamento religioso. Pero venían de oriente, donde prevalecían otras religiones, mucho más allá de las fronteras físicas y humanas del pueblo judío, el elegido por Dios. ¿Se trataba de un mensaje de la “universalidad” de la nueva alianza que establecería ese niño al que iban a adorar? ¿O de una vinculación con la tradición de las religiones mistéricas orientales?

Poco importa. Los magos, o sabios, venían de Oriente, de donde nace el sol. Y el nacimiento del sol -más bien su ”renacimiento” tras la noche eterna del 24 de diciembre- es lo que celebramos en Navidad. El solsticio de invierno. Los creyentes aprovechan para vincular las connotaciones simbólicas del sol victorioso, el Sol Invictus de los romanos, con la majestad y el poder de su Dios, que comienza su ciclo, como el ciclo de la vida y las estaciones.

Hoy celebramos la conmemoración de una revelación, la Epifanía, ya que según la narración -bíblica o apócrifa- la divinidad de ese niño se mostró abiertamente a los ojos, a los sentidos, al conocimiento de los magos.

Así que hoy, cada cual la celebra su propia revelación y cada cual a su manera. Y todos queremos aprender, queremos que se nos muestre la verdad, sin perder la inocencia. Fingiendo que no sabemos que los reyes “son los padres”, o cualquier persona que nos quiera bien, queremos abrir nuestros regalos, descubrir lo que nos depara este año, este nuevo ciclo, con la esperanza de que se cumplan nuestros deseos.

Por primera vez, te han traído carbón. Lo esperabas, pero sin terminar de creértelo. Porque el carbón es ante todo la confirmación de que este año, como los anteriores y los que vendrán, has cometido errores. Pero también es una oportunidad para aprender de ellos, es una manera de recordarte que tus errores están ahí y que el perdón de los demás, o tu propia indulgencia, no los borran: hay que trabajar para destruirlos.

Y a mi, como de costumbre, no me han traído lo que les había pedido. Quizá es el mejor regalo que me han podido hacer: demostrar que no todos los deseos se deben hacer realidad, y que a veces es mucho más satisfactorio conseguir las cosas por uno mismo.