Este partido lo vamos a ganar

4 08 2008

Rompiendo maldiciones.

Como la selección española de fútbol que, contra todo pronóstico, no sólo pasó de cuartos sino que se llevó de calle a todos sus contrincantes en la Eurocopa.

Como Rafa Nadal que, a base de una lucha constante, de sudor y afán de superación, no sólo logró imponerse a Federer en la agónica, épica y emocionante final de Wimbledon, sino que se va a proclamar número uno de forma inminente.

Después de meses apretando los dientes, parece que ha servido de algo.

El doctor Murillo me llamó a su consulta y me pidió que me sentara. Tras los saludos de rigor, cogió el teléfono:

- Sí… Quería saber los resultados de una paciente. La historia es…

Asentía levemente con la mirada fija en la maraña de papeles que era mi historia, mientras al otro lado del aparato, alguien le leía los resultados de la anatomía patológica. Los minutos se estiraban como un chicle pegajoso, mascado hasta el infinito, mientras el médico seguía con su asentimiento sordo, impávido. Sin un gesto, sin una señal, como si los informes de mi carpeta le tuvieran hipnotizado. Mientras, yo clavaba las uñas en mi bolso y lo dejaba ir. Las volvía a clavar y de nuevo le ahorraba sufrimientos al pedazo de tela.

Entonces, levantó los ojos por encima del cable del teléfono y, con una sonrisa apenas esbozada, me tendió la mano. Luego a mi padre. Y todo lo demás, es una nube de euforia. Poco importa que me vayan a dar dos ciclos más de quimio.

Al colgar dijo:

- No hay ni una sola célula neoplásica.

¿Neoqué? Menos mal que veo House, que si no, ni me habría enterado. Ahora sí que empiezan las vacaciones.

¡Gracias a todos! Los que me han ayudado, manchándose las manos, en estos meses; los que han venido a verme al hospital; los que han respetado que les pidiera que no vinieran a verme; y los que, desde la distancia, me han enviado su cariño, su apoyo y sus ánimos. Hay que seguir luchando, pero los malos tragos se pasan mejor en compañía.