Rompiendo tópicos: cuando la versión supera al original

27 11 2008

Inauguramos nueva sección, que se llamará “rompiendo tópicos”. Siempre he tenido problemas con esta palabreja, no tanto por la tirria que le tienen algunos al uso desaforado de clichés basados en prejuicios, sino más bien por su carácter polisémico. Cuando leía en el prospecto de los medicamentos aquello de “uso tópico”, me preguntaba si el que lo había escrito quería decir “usálo donde siempre, como siempre, ya sabes”.

Por eso, aclaro que los tópicos que quiero romper se corresponden con la quinta acepción del término, según la RAE:

5. m. Ret. Lugar común que la retórica antigua convirtió en fórmulas o clichés fijos y admitidos en esquemas formales o conceptuales de que se sirvieron los escritores con frecuencia. U. m. en pl.

Yendo al meollo del asunto, mi pregunta es: ¿a quién pertenecen las canciones? Guiados por el obsesivo afán protagonista del creador (o Creador) que impera en nuestra sociedad actual, diríamos que al autor. Pero no siempre es así. De hecho, en innumerables ocasiones hemos descubierto canciones (y no sólo, también otro tipo de obras) a través de intérpretes, por diversas razones: bien porque el autor original no ejercía como intérprete y prefería dejar la ejecución de sus obras a otros; bien porque ciertos “artistas-intérpretes” (que no es lo mismo que intérprete a secas) han querido rescatar de un pasado más o menos lejano alguna de sus canciones favoritas para hacerlas propias.

Se ha dado el caso de confundir a los intérpretes con los autores, bien por utilizar estilos tan distintos que hacían pensar que se trataba de obras diferentes, como el mítico caso del Knocking on Heaven’s Door que algunos atribuyen a los mismísimos Guns N’ Roses; bien porque los intérpretes-autores habían pasado sin pena ni gloria por su canción, hábilmente recuperada más tarde por el grupo encargado de la versión, como ocurría con el cinematográfico Love is all around a cargo de Wet Wet Wet; o bien porque, en contra de lo que muchos puedan pensar, la versión mejoraba el original.

Hay artistas que son buenos letristas y malos músicos, como Sabina (y que me perdone si lee esto, pero esa es mi opinión) o Leonard Cohen. Y de Leonard Cohen quería hablar, porque no basta con saber escribir para poner el alma en una canción; no basta con tener una voz característica, inconfundible y con personalidad para hacer que tu canción sea sólo tuya; no basta con ofrecerle a tu letra una melodía sólida pero maleable para que fluya con naturalidad. Hay que ser músico, hay que vivir la música desde dentro, como si todas las vibraciones del cuerpo estuvieran dirigidas a crear la melodía. Hay que tener oído y soñar la música; tener una imaginación alimentada de abstractos más allá de las palabras y dejarla volar.

Por eso, la mejor versión de Hallelujah es la de Jeff Buckley.

Se han hecho versiones de todos los colores. Ha salido en películas y anuncios hasta la saciedad. Incluso la gente de OT se ha atrevido a hacer una. Muchos defienden ahora la de Rufus Wainwright como la mejor. Pero lo curioso es que todas ellas, en lugar de beber de la fuente original, de Cohen, lo hacen de la obra recreada, mucho más allá de la mera imitación, que es el trabajo de Buckley.





Nada bajo los pies

26 11 2008

Cerrar etapas es casi tan difícil como abrir nuevas puertas. ¿Buscar un objetivo es un objetivo en sí mismo? ¿Los objetivos se buscan, se tienen o se encuentran? ¿Por qué el ser humano anda tan empeñado en darle sentido a todo? ¿Por qué no disfrutar sin más de lo que venga? ¿Y si no viene nada? ¿Hay que salir a su encuentro?

¿Por qué sólo quiero dejarme llevar y, sin embargo, cuando lo hago, siento que me estoy perdiendo algo?





Azarosa Vida

7 11 2008

La suerte no es buena ni mala: simplemente es. Y cada cual tiene la que le toca. De cada uno depende extraer lo mejor o lo peor de cada experiencia. Y sólo el tiempo puede determinar si este o aquel golpe de suerte fueron buenos o malos: sólo el tiempo nos permite hacer balance, desde una fría perspectiva presente, para descubrir si aquella situación azarosa del pasado nos ha reportado aspectos negativos o positivos a nuestras vidas.

En general, de casi todo se puede sacar algo bueno: si no hay un beneficio claro e inmediato, puede que lo haya a largo plazo. Quizá no se trate de nada material, sino, simplemente de un aprendizaje. De cualquier manera, cada granito de arena, dorado y brillante, llámese también experiencia positiva, extraída del azar que ocurre en nuestras vidas, puede ser un paso adelante en el camino hacia un crecimiento interior, si sabemos leer en él.

¿Quién me iba a decir a mí que esto me iba a traer cosas buenas? Pues así ha sido: me he reencontrado con la familia, que tenía bastante olvidada; he descubierto a mi “familia postiza” como proveedores de un cariño absolutamente sincero; me he reunido de nuevo con amigos perdidos y rescatados del pasado; he aprendido que no conviene prejuzgar ni esperar nada de la gente, de manera que todo lo que te sea dado pueda resultar una sorpresa agradable; he tenido tiempo para regresar a mis antiguas pasiones, como la pintura… A cambio de una pizca de miedo, un poco de dolor, algo de angustia. Pero ha merecido la pena.





Yes, we can

5 11 2008

Felicidades, Obama. Le felicito no sólo porque ha sido elegido Presidente de los Estados Unidos, sino porque se ha proclamado vencedor con unos resultados aplastantes: ha llegado a mucha gente, que ha votado con el corazón en la mano; incluso a aquellos que no suelen votar o quizá no se lo habían ni planteado hace unos meses. Ha movilizado a las masas: les ha convencido de que su voto es decisivo. Esto es, en parte, un triunfo de la democracia.

Y con ellos, me ha convencido a mi de que todavía queda algo de esperanza: estos resultados me inducen a cambiar, la palabra más leída en los titulares de todo el mundo, mi opinión de su país. El poder no está ya en manos de clasistas paletos. Tampoco se va a instaurar un modelo socialista, como auguraba McCain, que quería vender a sus electores el monstruo del comunismo con la cantinela aquella de “que viene el coco”. Se trataba simplemente de elegir entre conservadores y ultraconservadores.

Y, aunque no tendría por qué considerar tan importantes unas elecciones en las que no participo, reconozco que me aterraba pensar que un país que se autoproclama como la “policía del mundo” pudiera volver a elegir un candidato y un partido ultraconservadores para su gobierno.

En un mundo globalizado vía Internet, la victoria de Obama es la victoria ansiada de muchos, muchos más que aquellos que realmente han podido votarle. No se trata de su color de piel o su historia personal: se trata de su apuesta por conseguir de los Estados Unidos un país realmente ejemplar para el resto del mundo y sacudirse el polvo que le había dejado su papel de “matón de la clase”. Obama ha hecho soñar a muchos con este cambio. Mi enhorabuena para los que se referían a él con ese rotundo “yes, we can”.





Lista de regalos

3 11 2008

Estas fechas de madrugones, de chirimiri, de paraguas intermitentes, de exámenes, de legañas, de libros garabateados, de duchas militares y de carreras tras autobuses, que pueden ser terriblemente grises y áridas para muchos, siempre han tenido un valor añadido para mí. Llamarme como me llamo y haber nacido en diciembre significa que de noviembre a enero tengo fiestas y regalos en cadena.

Este año ha sido diferente a los demás, tanto que ha desaparecido todo rastro de ilusión respecto a los objetos, más o menos preciados, que me puedan regalar. Las cosas que quiero hoy por hoy no tienen nombre, no se pueden comprar ni vender, el dinero no las conoce y, por muy rico que uno sea, no podrá acceder a ellas: salud y tiempo. El único regalo que anhelo es poder hacer una lista de regalos el año que viene, y el siguiente, y el otro, y el otro…

Pero si, a pesar de todo, hay quien no capta el mensaje, se deja vencer por el ya comentado consumismo, incapaz de darse cuenta de que el cariño y los buenos deseos no tienen precio ni son canjeables; y espera que le especifique qué objetos preferiría recibir, ahí va la relación:

- Me gusta leer, así que no estaría mal tener algún libro nuevo para las largas esperas en el hospital. Un libro, por tanto, que pudiera llevar conmigo a todas partes (edición de bolsillo, por favor); que no sea necesariamente de Paul Auster (aunque una vez comentase que me gusta, existen más autores); y que me permita evadirme un rato a través de historias y personajes que nada tienen que ver conmigo o entretenerme con asuntos a los que soy aficionada.

- Me gusta escribir, así que… No, no, no. Quien esté pensando en comprarme una impresora que se olvide. Y un portátil tampoco. ¿Qué utilidad tendría, si apenas viajo y tengo el ordenador de casa? Si las ganas de escribir me pillan en la calle, tengo bastante con un cuadernito para tomar notas, gracias.

- Me gusta la música, así que podrían comprarme de una vez ese regalo que llevo pidiendo desde el año pasado pero que parece imposible de conseguir para alguien que no sepa inglés.

- Me gusta el cine, así que una película no es un mal regalo. Hay donde elegir: desde mi película favorita (si es que a alguien se le ocurre cuál puede ser); a la película que más veces he visto en mi vida, pero siempre grabada de la tele en VHS; de clásicos del cine al último estreno que me ha gustado.

- Me gusta ir mona y no pasar demasiado frío en invierno así que me vendría muy bien un gorrito. De lana o de fieltro; de colorines o monocromo. Da igual. Es más, si son varios, así puedo elegir y cambiar.

Pero que no se engañe nadie: nada de lo que hay aquí escrito podrá sustituir nunca lo que realmente deseo. Así que renegaré una y mil veces de los regalos caros (¡no! ¡no quiero una wii!); y defenderé hasta la saciedad que los que no tienen dinero pueden hacerme el mejor regalo del mundo (un “vale por una tarde de café y cháchara juntos” sería fantástico).