La última tarde del año y no pienso pasarla haciendo balance de lo que ha sido este 2008: bastante lata me ha dado ya. Lo que sí voy a hacer, siguiendo una costumbre que, no sé a quién se le ocurriría pero seguro que tenía mala idea, es anotar aquí mis propósitos para el 2009.
Esta vez se reducen a uno sólo, pero es tan complicado, me resulta una meta tan lejana, que parece casi inalcanzable. Voy a necesitar mucha disciplina, como quien se impone un serie de 20 abdominales cada mañana: el primer día hace 20; el segundo, como tiene agujetas, 10; el tercero, a la séptima deja de contar para hacer otra cosa; y el cuarto ya se ha olvidado.
Propósito del año: terminar alguna de las miles de cosas que he empezado.
Y nada más. Bueno, sí, desear a cualquiera que dé con este post y lea estas palabras, que tenga en el próximo 2009 un montón de momentos felices. Quedaos con la copla.
