Propósitos para el nuevo año

31 12 2008

La última tarde del año y no pienso pasarla haciendo balance de lo que ha sido este 2008: bastante lata me ha dado ya. Lo que sí voy a hacer, siguiendo una costumbre que, no sé a quién se le ocurriría pero seguro que tenía mala idea, es anotar aquí mis propósitos para el 2009.

Esta vez se reducen a uno sólo, pero es tan complicado, me resulta una meta tan lejana, que parece casi inalcanzable. Voy a necesitar mucha disciplina, como quien se impone un serie de 20 abdominales cada mañana: el primer día hace 20; el segundo, como tiene agujetas, 10; el tercero, a la séptima deja de contar para hacer otra cosa; y el cuarto ya se ha olvidado.

Propósito del año: terminar alguna de las miles de cosas que he empezado.

Y nada más. Bueno, sí, desear a cualquiera que dé con este post y lea estas palabras, que tenga en el próximo 2009 un montón de momentos felices. Quedaos con la copla.





17

30 12 2008

Cuando era pequeña, vivía en el número 17 de una calle de Valencia.

El 17 de febrero de hace muchos años, no sé ni cuántos, nació mi hermano.

Unos años después, un 17 de julio, vino al mundo mi novio. El año que nos fuimos de vacaciones a Italia, el número de la habitación de nuestro hotel era el 117.

El 17 de enero de 2008 fue mi primer día en el último trabajo que he desempeñado.

Mi madre murió el 17 de diciembre de 1996. El mismo día, cuando venía corriendo a acompañarme en esos difíciles momentos, mi mejor amiga se lesionó un tobillo. Yo acababa de cumplir 17 años, hacía sólo cinco días.

Exactamente un año después, el 17 de diciembre de 1997, una moto atropelló a mi novio. Afortunadamente, puede contarlo, pero la cojera y las cicatrices de su pierna izquierda aún son visibles.

El mismo día, 17 de diciembre, de este año 2008, he tenido mi visita más reciente con el oncólogo. A pesar de mis miedos, las noticias eran buenas, de modo que el único trámite a seguir fue pedir cita para unos meses más tarde.

Hace un par de días, recibí la carta que me informaba de la próxima cita: será el 17 de Abril de 2009, el mismo día que cumple años mi suegra.

No sé qué capricho del azar ha puesto al número 17 tantas veces en mi vida; tampoco sé si significa algo o si ha habido otros números con igual protagonismo, que sin embargo, me han pasado desapercibidos. Sólo sé que, viendo lo que me ha traído, alegría y desolación a partes iguales, puedo decir que es el número de mi suerte: una suerte que no tiene ni signo ni color, que a veces es buena y otras es mala, sin más, sin motivo aparente. Como la vida.





Una limosnita

29 12 2008

Hace algo menos de un año, tramitamos la ayuda para la emancipación, también conocidos como los 200 euros (en realidad, 210) para el alquiler. ¡Bien!

Sobre el mes de Julio de 2008 nos llegó una notificación para informarnos de que nos había sido concedida. ¡Bien, bien!

Hace unos días, recibimos la primera transferencia, pagándonos todos los atrasos pendientes desde Marzo. ¡Bien, bien, bien!

Parecía que nos había tocado la lotería de Navidad. La perspectiva para encarar el nuevo año, con un fondo económico que nos permitiera hacer frente a los tradicionales pagos de enero (impuestos de circulación, seguro del coche, alquiler del piso, el teléfono, el agua, el gas, la luz…), sin haber tenido que renunciar a los regalos de reyes para nuestra familia (esos regalos que todo el mundo critica por su afán consumista, pero que a todos les gusta recibir, y que a muchos nos gusta hacer, solo por ver sus caras de alegría), era mucho menos angustiosa de lo esperado.

Hasta que alguien me hizo la siguiente reflexión… ¿No estaría bien poder vivir del propio trabajo, del propio sueldo, sin tener que pedir limosnitas al gobierno?

Hombre, visto así…





Admirables

27 12 2008

Un padre generoso que ahorra todo lo que puede para dárselo a sus hijos. Un emprendedor capaz de suplir su carencia de formación académica con la suficiente inteligencia como para levantar una empresa de éxito. Un ciudadano voluntarioso que decide viajar al otro extremo del mundo para ayudar a una sociedad necesitada. Un trabajador responsable que antepone las obligaciones de su profesión a todo lo demás, incluida la enfermedad. Un profesional con un puesto de responsabilidad capaz de dedicar las escasísimas horas libres que le deja su trabajo, no ya a su propio descanso, sino a ayudar a enfermos y necesitados.

Los admiramos sin conocer sus razones primeras para llevar a cabo estos gestos nobles; sin saber de los recovecos de su mente. Y es posible que el padre generoso haya tenido una infancia vacía de cariño y quiera compensarla con la entrega constante de bienes materiales. Es posible que el emprendedor no luche por el bien de su empresa, sino por ocultar obsesivamente su complejo de inferioridad por no haber estudiado. Es posible que el cooperante no busque el bien ajeno, sino su propia aventura. Que el trabajador infatigable pretenda con su esfuerzo no tener que pensar en sí mismo y en su enfermedad. O que el solidario necesite ejecutar un altruísmo consciente para no perder del todo la esperanza al mirar esta sociedad carente de valores.

Es posible. Puede que los gestos admirables no sean más que una opción estética dentro de las posibilidades de ejercer nuestro propio egoísmo.





Mi primer sushi

7 12 2008

Mi primer sushi, chispas.

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Y ya que estamos con canciones infantiles, diré que lo he hecho “con estas manitas, ¡con mis manitas!”.

¡Gracias, Yuki!