Rompiendo tópicos: la canción española ya no es lo que era

21 02 2009

La música popular española ha tenido una evolución algo esquizofrénica durante el siglo XX. Este país ha venido arrastrando esa versión descafeinada de la copla flamenca, esterotipándola hasta extremos nunca imaginados por los viajeros del siglo XVIII, que descubrieron en los gitanos y el pueblo más humilde un arte espontáneo inigualado por las clases altas.

Este género, auténtico y genuino, derivó poco después en dos vertientes: el flamenco culto, con toda su variedad de palos y de “sentires” diversos, al alcance de unos pocos privilegiados; y las coplillas populares, que se quedaban con la piel de ese flamenco de volante y caracolillo, con el deje andaluz y los quiebros de un “chorro de voz”, con la guitarra española como base del acompañamiento y con el drama como hilo conductor.

Cuando pensamos en la canción española, con facilidad nos puede venir a la mente esa copla, arraigada en una métrica muy acorde con el habla natural de la lengua castellana, para hacerse más fácil al oído y a la memoria. Esa misma copla rancia y obsoleta donde todo suena más o menos igual (¿el principio de Francisco Alegre no es idéntico al de Soy un pobre presidiario que cantaba Antonio Molina?); esa misma copla cuya letra serviría por sí sola para hacer una tesis sobre machismo y misoginia en la sociedad española del siglo XX.

Esa misma copla, de aires sureños, soniquetes repetitivos y letras denigrantes ha devenido en algo mucho peor en los últimos años. Si antaño la copla podía presumir al menos de su capacidad para contar historias, ahora tenemos ejemplos que ni siquiera alcanzan este nivel. Ejemplos que más vale no mencionar, para no herir susceptibilidades.

Con esa copla y sus derivados más recientes, como el pachangueo, en las últimas décadas han convivido otros géneros en la música popular española: la cansina canción protesta, los aburridísimos cantautores, los rockeros que hagan lo que hagan suenan igual y el pop que, si bien alcanzó una cierta cumbre creativa durante los ochenta (Alaska, Radio Futura, El Último de la Fila, Nacha Pop), se ha quedado ahora en fórmulas fáciles también repetidas hasta la saciedad por grupos que no aportan nada.

Con todo ello, con la sombra de Concha Piquer y David Bisbal cogidos de la mano y sobrevolando el panorama musical de este país; para la gente como yo, que crecimos arrullados por las nanas del pop inglés, desde los Beatles a Radiohead, sólo había una frase que repetíamos una y otra vez, como un mantra: ¡Odio la música en español!

Algo fallaba. ¿Era una cuestión de tradición? ¿De la sonoridad de nuestra lengua, de la métrica de nuestros versos? ¿Una incapacidad de nuestros artistas para componer melodías originales?

Y de repente, en este desierto cultural sin escapatoria, nos empiezan a llover artistas y bandas que hacen pop en español (lo que podría llamarse canción española), sin tener que bajarse los pantalones ante los tópicos más arraigados: sin caer en la rima fácil, en la estrofa repetida, en la melodía machacona y estereotipada, en los ritmos latinos; cuidando la forma y el contenido; otorgando al público pequeñas obras de arte que sirven para disfrutar, sin por ello renunciar a la calidad o a la intención de transmitir un mensaje, que puede ser interesante y profundo sin resultar aburrido.

Y descubrimos que la que cantaba lo de Chas, y aparezco a tu lado, sabe hacer poesía sin impostar.

Que el pop fácil y escapista puede tener más de una interpretación.

Que hay quien puede hacer crítica social, mientras regala toneladas de talento y belleza para nuestros oídos.

O tirando de la ironía y el humor.

Algo está pasando en la música de este país. Y yo estoy encantada de poder decir, por fin: sí, me gusta la música en español.


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Un comentario

17 03 2009
Pies Automáticos

Pues fíjate que a mi toda esta gente no me despierta el alma. No sé si es quizá porque en su momento tuve mi buena dosis de gente muy auténtica (a mi entender), que cantaba en castellano, sin ningún pudor y tirando de lo de allí y de lo de allá (me refiero inevitablemente a la gente que señalas, El último de la fila, Radio Futura, ancha Pop – Antonio Vega, Los Secretos o Los Rodríguez, sin ir más lejos…). En fin, gente que dio mucha personalidad a lo que hacia con un seño muy propio, y sin embargo, cuando oigo los ídolos del pop de hoy me suenan tan descafeinados, tan imitadores de cosas, tan cliché a veces (exceptuando casos como Deluxe o Iván Ferreiro…), con tan poca autoridad sonora, que me pone en valor más aún a toda aquella música que ya tenemos todos grabados en nuestro cerebro (Arde la calle al sol de poniente… Dónde estabas entonces…). Y lo de la Rosenvigne…. En fin, prefiero no hablar, pero eso de ir de intelectual porque su marido es Ray Loriga y ha vivido en Nueva York… Yo le haría “chas” para que desapareciera de una vez…

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