Después de lo que hizo anoche el Barça, culminando con éxito toda una temporada de buen fútbol (o así lo cuentan los expertos), no me queda más remedio que preguntarme:
¿Jugar extraordinariamente bien hasta rozar una victoria que, extrañamente, termina por escaparse? ¿O ganar jugando regular, ayudado por factores externos como la suerte y no siendo mejor que el rival?
Lo primero. Si hay que elegir, siempre lo primero. Las victorias sólo se saborean si son merecidas. Y si a pesar de merecerlo, no se alcanza el triunfo, al menos quedará la satisfacción de haberlo hecho lo mejor posible.
Lo demás es engañarse.
Como aficionado del Barça y del buen futbol suscribo tus palabras.