Poca cosa.
Nací en Sevilla a finales del 79, por lo que soy de aquella generación que añora los Fraggle, la Bola de Cristal y los patines con dos pares de ruedas. Nunca he sabido bien en qué emplear mi tiempo, pero siempre me ha atraído el arte. De niña quería hacer de todo: pintar, cantar, escribir, bailar… Al crecer, me di cuenta de que tenía que canalizarlo de alguna manera y me decanté por estudiar Historia del Arte, para terminar la carrera con una única convicción: detesto el academicismo, es lo peor que le ha pasado el arte.
Hoy por hoy, sigo siendo “aprendiz de todo, maestro de nada”, aunque podría decir que he trabajado escribiendo programas de contenido cultural para la televisión y produciendo contenidos para audioguías de museos y conjuntos monumentales. Si tengo que elegir, me decanto por las letras, para crearlas y para degustarlas.
Crecí entre Sevilla y Valencia y quizá eso tuvo algo que ver en el fuerte sentimiento de desarraigo que caracteriza mi personalidad. Sin embargo, últimamente me estoy reconciliando con “mi tierra”, pensando que la patria de una persona son siempre sus seres queridos.