El aula de debate prevista para la tarde del jueves 18 de octubre dentro del Congreso de la Fundación Caballero Bonald prometía emociones intensas por la frescura del asunto a tratar, víctima y verdugo de la mayoría de las novedades que hoy por hoy se producen en el mundo de la comunicación. Sin embargo, las palabras de Nacho Fernández, Elena Barroso y Asun Bernárdez en torno a las conexiones y constantes filtraciones entre periodismo digital y literatura, enfriaron a la audiencia y sólo consiguieron arrancarme estupor y bostezos, a partes iguales y dependiendo del sujeto que diera la charla en cada momento.
El protagonista de la primera conferencia, Nacho Fernández, ya me puso en guardia desde que leí su currículum. Que el director, editor y creador de una revista literaria digital, se presente destacando en primer lugar que entre 2005 y 2006 realizó un master en Periodismo y Comunicación Digital es, cuanto menos, sospechoso. Me animé al ver que sobre la pared del fondo de la sala de conferencias se proyectaba la pantalla de un ordenador apagado. “Power point al canto”, me dije, “a ver qué tal”.
El resultado no podía ser más cutre. No sé que le habrán enseñado a este señor en aquel master de periodismo recién terminado, pero lo que hizo con el ordenador durante la siguiente media hora fue cualquier cosa menos útil o eficaz: parecía responder a la pretensión de demostrar cuánto sabía de informática, objetivo que no consiguió. Todo lo que iba contando el editor, todas y cada una de las palabras que iba leyendo, estaban plasmadas en la pared del fondo de la sala de conferencias, en enormes párrafos interminables, imposibles de leer: era como ir pasando páginas de un borrador en word.
Si a esto le sumamos las palabras atropelladas que profería, interrumpidas en pausas sin sentido a mitad de cada frase para volver a coger aliento y carrerilla, se puede entender el bochorno. Pero lo que dejó en un ridículo espantoso a Nacho Fernández fue el contenido de su conferencia. Es incomprensible que un profesional de los medios digitales diga cosas como: “hace un año, cuando empezó esto de los blogs, se notó cómo se reducía el número de visitantes a nuestra web”. ¿Hace un año? ¿Pero dónde ha estado metido este señor?
Además, se preguntaba si “los medios están cambiando”, pregunta que quiero creer sería retórica; y se atrevía a profetizar sobre el futuro de los blogs: “los blogs van a ir quedando desplazados por medios sociales, redes sociales como myspace o Hi5 y por medios de contenidos audiovisuales, como youtube”.
Huelga decir que estoy radicalmente en contra de esta opinión, que en la galaxia internáutica conviven los blogs y los “medios sociales”, como vecinos de distintos países, con distintos idiomas y distintas culturas. Sí, tienen en común que ambos son seres humanos, pero divergen por completo en sus maneras de ver el mundo y de comunicarse. Creo que pueden convivir sin estorbarse. Creo que si hay alguna moda que pasará pronto es la de las “redes sociales”, copada por el niñateo que tiene poco que hacer y escapa al aburrimiento colgando sus fotos en bikini o mostrando sus tatuajes para que las vea el resto del mundo. Y sobre todo, creo que debemos esperar una evolución constante en la blogosfera, de manera que, de aquí a pocos años, sólo habrán resistido “los valientes”. Millones de personas de vidas ajetreadas abandonarán sus blogs, su pequeño entretenimiento, pero quienes quieren y saben escribir, seguirán haciéndolo sin descanso a través de este medio.
Asun Bernárdez, escritora, filóloga, doctora en Ciencias de la Información y profesora de la Complutense, pronunció la conferencia más salvable de la tarde, sin las grandilocuencias visuales de su predecesor.
Con un discurso claro y directo, Bernárdez se refirió a la crisis económica y de credibilidad que afecta en la actualidad a la literatura y el periodismo, a causa de la reestructuración de las empresas de comunicación. En este sentido, apuntó las ventajas de la información que se puede obtener en la red, que calificó como “más libre”, en todos los sentidos, sin las ataduras ideológicas de los grupos multimedia y disponible para cualquiera que tenga una conexión a internet.
La profesora definió a la literatura usando el convencionalismo tradicional como “aquello que una sociedad se pone de acuerdo en llamar literatura”. Puntualizó, además, que el soporte utilizado para la literatura en cada época ha ido condicionando las formas literarias, y detalló su evolución a través de este paralelismo desde la literatura oral, que debía apoyarse en una métrica y una rima que facilitaran su memorización; hasta la consolidación de la imprenta, que generó una enorme preocupación en los grupos de poder, dando lugar a acciones de censura.
Bernárdez comparó aquella situación del Renacimiento con la que vivimos en la actualidad, asegurando que “existe una penalización desde los medios cultos de lo que está ocurriendo en la red”. En la actualidad, internet permite reducir el, hasta ahora, necesario papel mediador de las editoriales; pero por lo demás, todas las innovaciones que pensamos debidas a la era digital, en realidad tienen antecedentes.
Ahondando en esta cuestión, aludió a experimentos de creación colectiva o de generación de literatura por ordenador, que se vienen realizando desde los años ochenta. Remontándonos en el tiempo, podría equipararse en cierto modo a las creaciones del dadaísmo, o la escritura automática del surrealismo. Toda esta tradición continúa en la actualidad de la mano del grupo de escritores italianos Wu Ming, que trabajan de forma colectiva, rechazando la identificación entre obra y autor, al que definen como “un artesano de la narración, que no pertenece a la élite sino a la comunidad”.
A continuación, Bernárdez destacó las diferentes actitudes del lector ante una obra literaria escrita en un soporte tradicional o en internet. Así, la ruptura de la linealidad de los textos digitales obliga a ejercitar un modo de lectura fragmentada, donde no cabe la abstracción que requieren los libros y donde el entorno del texto se convierte también en parte importante de la creación. Además, frente a la posibilidad de obtener numerosos recursos fácilmente, lo que Bernárdez llamó la “biblioteca total”, opuso el peligro de saturación de la información que puede llegar a sufrir el lector.
Por último, aludió a la confusión deliberada que se ha producido en los últimos años entre los derechos de autor y el copyright de las editoriales, al que hacen frente los propios escritores a través del movimiento “copyleft”, que pretende “democratizar la creatividad”.
Respecto a la conferencia de Elena Barroso, que cerraba el aula de debate, no puedo prometer una trascripción fiel, dado que su empleo constante de tecnicismos, su tono erudito y su capacidad expresiva, que sobrepasaba con creces la mía para comprender y seguir sus palabras, me impidieron entender la mitad de lo que seguramente quiso decir. Vamos, que no estuve a la altura, me perdí en varias ocasiones y hubo, incluso, bostezos varios: como si me hablaran en chino.
Quitando esos problemas, lo que saqué en claro es que su postura era similar a la de Asun Bernárdez: señaló la tendencia de la literatura a adaptarse a los progresos tecnológicos de cada momento, poniendo como ejemplo de nuevo a la imprenta; y aludió también a la metodología secuencial de la literatura en los medios digitales.
Sin embargo, Elena Barroso fue más allá de la descripción de Bernárdez y apuntó las implicaciones sociales de estas nuevas formas literarias. Así, definió a la literatura como un “reflejo de los cambios socioculturales” y destacó la aceptación social de la literatura en internet como un medio “donde intervienen dos circuitos que se retroalimentan: escritores y lectores, por un lado; y la comunicación que se produce dentro del propio texto por otro”.
Además, la catedrática de la Universidad de Sevilla desgranó las características del relato hecho a través de internet, con “una estructura no secuencial, que plantea bifurcaciones y bloques conectados por nexos con diferentes itinerarios”. Los calificó como “productos inspirados en juegos de rol, desarrollados mediante una cooperación autoral, ajenos a cualquier voluntad estética y banales, por hablar de asuntos que no interesan”. Y como apunte personal, debo decir que no sé a qué relatos se referirá, porque no he leído ninguno de estas características, quizá porque no me interesan los juegos de rol; si bien, he tenido la suerte de toparme con algunos relatos excelentes, de escritores que cuelgan sus trabajos en sus blogs o páginas personales, y no tienen nada que ver con esta historia.
Por lo demás, no todo iba a ser negativo en el mundo de la literatura digital, si es que puedo llamarla así, de modo que Elena Barroso le reconoció algunas ventajas: “estimula la inteligencia conectiva y la acción”. Para finalizar, la profesora concluyó resumiendo los puntos de vista que ha generado esta nueva forma de ejercer y disfrutar la literatura: “hay reacciones alentadoras, pero también apocalípticas”, dado que algunos la entienden como “una amenaza por imposibilitar el desarrollo del individuo y por su capacidad para manipular”.