¿Qué es piratería? Dice la SGAE mientras clava su pupila en todos nosotros…
Piratería es sacar un rendimiento económico de un bien ajeno, tal como se hace en el top manta. Las redes p2p a día de hoy, en este país, no son ilegales y no debemos dejar que se nos confunda al respecto.
De hecho, yo siempre he considerado que dichas redes fomentaban el consumo de cultura por una sencilla razón: cuanta más cantidad de contenido cultural está a nuestro alcance; cuanto mayor es la disponibilidad; también aumenta nuestra sensibilidad, nuesro aprecio por las obras y nuestro criterio para elegir. Y cuando sabemos a ciencia cierta que algo nos gusta, ¿cómo nos vamos a negar a pagar por ello?
Siempre he defendido el hecho de compartir música (porque eso son las redes p2p, lugares donde compartir a gran escala) es fundamental para consumir música: hay que conocer antes de comprar. Nadie piensa en adquirir un traje sin probárselo primero, ¿no? Pues con la música deberíamos tener las mismas oportunidades que con el resto de productos de consumo.
Sin embargo, los canales de difusión, dominados por las mastodónticas compañías que todo lo pueden; regidos por el espíritu de los versos de Quevedo; apenas difunden una mínima parte de la cultura que se produce. Ofrecen el producto del que paga por darse a conocer y poco más. Así que, quienes desean acceder a cosas nuevas, distintas, no cuentan con el apoyo de la radio y la televisión. ¿Qué hacer? Descargar lo que les han recomendado y si les gusta, se lo compran; y si no, pues a borrarlo y a hacer sitio en el disco duro.
Así ha funcionado hasta ahora. Así, y con nuestro bien amado youtube, cuya calidad sonora deja bastante que desear, pero que sirve para que nos hagamos una idea.
Y de repente, a alguien se le ocurre una idea genial. Por fin los medios están de nuestro lado y no del lado de los poderosos. Por fin podemos elegir lo que queremos escuchar, buscar y rebuscar en los archivos para recordar clásicos olvidados y reivindicarlos; para resucitar artistas que, aunque siguen funcionando, sólo lo hacen en circuitos pequeños; para lanzar a aquellos otros que quizá tienen éxito internacional, pero son despreciados por los medios españoles; para mantener la música viva. Por fin, una radio a la carta, con lo que queramos, con nuestra música favorita, con calidad y sin trampas.
¿El precio? Un poco de publicidad. Si uno quiere más que “escuchar para conocer y luego comprar”; si quiere descargar y seguir disfrutando de la música más allá del ordenador, toca pagar. Y creo que las tarifas son bastante razonables.
Eso sí. Demasiado bonito para ser verdad. Tarde o temprano, por hache o por be, nos cerrarán el grifo. Mientras tanto… ¡A disfrutar de la música!
